¿Por qué nos gusta la velocidad?

Hemos de reconocer que la velocidad resulta atractiva. Sin embargo, según informa la Dirección General de Tráfico (DGT), la velocidad excesiva o inadecuada es, junto con las distracciones y el alcohol, una de las principales causas de accidentes de tráfico, debido a que potencia todos los fallos humanos en la conducción. Se calcula que este factor de riesgo se relaciona directamente con 1 de cada 5 accidentes con víctimas.

Por el contrario, la velocidad adecuada puede ser considerada como un factor protector frente a los accidentes de tráfico. Circular siempre a una velocidad adecuada a la situación en la que te encuentras puede evitar sufrir un  accidente y aunque este finalmente llegue a producirse, probablemente será de mucha menor gravedad que si se hubiera producido circulando más velozmente.

Una forma para dar salida legal y sin riesgos a la atracción por la velocidad es la que siguen los aficionados al mundo del motor que engloba un amplio espectro de modalidades que abarcan tanto las dos como las cuatro ruedas, resulta sencillo pensar que este tipo de disciplinas cuentan con una enorme cantidad de aficionados a nivel mundial. “En España el número de aficionados al mundo del motor ha sido siempre grande, ya que a este país le gusta la velocidad”, apuntan desde Fórmula Rápida.

No son pocas las ocasiones en las que los científicos se empeñan en dar una explicación biológica de algo, en este caso han encontrado la respuesta científica a la pregunta ¿por qué nos gusta la velocidad?, aportando las siguientes razones:

  • Conducir a velocidad elevada hace que se libere adrenalina, hormona que aumenta la presión arterial, haciendo que el corazón incremente el ritmo de latidos. De hecho, este efecto es más acusado en los hombres que en las mujeres.
  • Asimismo, la velocidad hace aumentar los niveles de testosterona, lo que hará que el conductor parezca más atractivo.
  • A nivel neurológico será el neurotransmisor llamado dopamina el culpable de que se quiera ir más rápido.
  • Socialmente los coches más veloces se asocian con fuerza y poder, por lo que, poder controlar uno de ellos, llevará asociado el incremento de la autoestima y el ego.